Uslar Pietri prácticamente transitó toda la vida política de Venezuela del siglo XX, abrazando, a lo largo de este tránsito, todas las posturas, tesis políticas, cargos y funciones que pueden ejercerse, faltándole tan sólo uno: la presidencia, que podría haber sido el destino natural de quien recorre el camino de la administración pública de la manera que él lo hizo, aunque su suerte final en materia de política y en el ejercicio de cargos públicos terminó siendo lo contrario de lo que al principio fue. Creo que primero fue un funcionario acólito y después un hombre con conciencia, hasta finalmente convertirse en una especie de conspirador, en el buen sentido de la palabra. Pero ya veremos en detalle lo que ocurrió.

Como se sabe, Uslar Pietri nació despuntando el siglo XX, el 16 de mayo de 1906, en los últimos años del gobierno de Cipriano Castro (quien había asumido desde 1899). A los pocos años, en 1908, el General Juan Vicente Gómez, en un golpe de dados, se haría con el poder, y allí permanecería hasta 1935. Es decir, la mayor parte de la infancia, adolescencia, juventud y hasta el inicio de su edad adulta, Uslar Pietri viviría en un país donde predominaba la monolítica figura de un dictador.

Las vinculaciones de Uslar Pietri con el poder y con la administración pública las tuvo desde muy temprano. En primer lugar, sus padrinos fueron el mismo Cipriano Castro y su esposa, Zoila de Castro, para entonces Presidente de la República y primera dama, respectivamente. Por otra parte, el padre de nuestro autor, el coronel Arturo Uslar Santamaría, estuvo al servicio del Estado, primero con Castro y después con Gómez (tras una breve estadía en la cárcel), ocupando diversos cargos de no muy excesiva relevancia pública pero sí de gran importancia para la familia de nuestro escritor, ya que eran la fuente del sustento de aquel hogar. Por último, con los hijos del General Juan Vicente Gómez nuestro autor tendría una relación de amistad durante la adolescencia.

Según señala Arráiz Lucca (2005):

Aquel adolescente solía sentarse a la mesa del general Gómez con mucha frecuencia… De modo que la adolescencia de Uslar está vinculada con la experiencia del trato frecuente del poder absoluto (pág. 13).

No es de extrañar pues que, ya en su juventud, la primera postura asumida por nuestro escritor haya sido la de un conservador, acaso timorato y medroso por la suerte que podría correr el padre, como ya dijimos, un funcionario menor bajo el régimen gomecista.

… la participación política de Uslar en contra de la dictadura gomecista suponía daños a su familia que el joven no quiso asumir. Además, la amistad con los hijos de Gómez (…) seguía en pie (ob. Cit, pág. 17).

Así que mientras se va calentando el panorama político, con miras a la manifestación política de la llamada generación del ‘28, Uslar discretamente se hace a un lado, guarda silencio y no apoya públicamente a este movimiento, donde estaban algunos de los que eran sus compañeros de generación literaria y de universidad. Si bien militaban en el mismo bando en relación con literatura (se hacían ver a sí mismos como la vanguardia), en política Uslar estaba en la acera del frente, o quizás más bien en la del medio.

Después y durante los sucesos de la semana del estudiante en febrero de 1928, y lo que ocurrió en abril de dicho año, mientras los participantes terminaron en la cárcel, detenidos o porque se entregaron, y algunos luego fueron al exilio, Uslar se limita a la preparación de la publicación de su primer libro. En palabras del mismo autor, y para tratar de hacer entender su actitud, Uslar considera que existió una diferencia entre la generación literaria, muy reducida, con la cual sí tuvo vinculación, y lo que después se llamó, de manera general, la generación del ‘28, que “fueron aquellos estudiantes que protestaron contra Gómez en Caracas” (citado por Arráiz Lucca, 2007: 11).

Respecto a este momento, tan polémico en su vida, Uslar añade lo siguiente:

Cuando el movimiento tomó un cariz político, a mí se me planteó un problema: ¿debía seguir, sabiendo que esto le iba a ocasionar a mi padre, que era funcionario del gobierno en Aragua, problemas graves y de consecuencias impredecibles? […] era preferible cargar con la responsabilidad de abstenerme. Entonces, me aparté. No caí preso y continué mi carrera en la universidad hasta finalizarla (Eskenazi, 1988).

Probada su fidelidad, si no al régimen por lo menos a la familia y a los amigos, en el año 1929, una vez que Uslar concluye su doctorado en Ciencias Políticas, es nombrado Agregado Civil de la Legación de Venezuela y, también, Secretario de la Delegación de Venezuela ante la Sociedad de las Naciones, razón por la cual viaja a París.

Hay diversas versiones con respecto a esta partida. Arráiz Lucca (2005) refiere lo siguiente:

Sobre los intríngulis de su nombramiento, nada se sabe, pero es evidente que los vínculos entre Uslar y los hijos de Gómez han debido contribuir con la designación. Por lo demás, no se trataba de un cargo de importancia… [y] No era un absoluto desconocido para (…) el general Gómez (pág. 22).

En tanto que Spinato (2001) asegura que fue otra la razón:

… la inocente atracción del joven en una órbita que no se limitó a la protesta literaria, indujo su familia a alejarlo de la vida cultural caraqueña. Temerosos de que su actitud pudiera afectar al respeto y las cargas de que gozaban muchos de sus familiares, sus padres hicieron que se le enviara a Francia como Agregado Civil de la Legación Venezolana. De este modo Arturo Uslar Pietri se sustrajo a las represiones y a los encarcelamientos de los meses sucesivos…

Uslar permanecerá en ejercicio de ese cargo hasta 1934, desarrollando su labor con discreta eficiencia y aprovechando al máximo la estancia en Europa para viajar y conocer otros sitios así como entrar en contacto con la flor y nata de la vanguardia artística del mundo. En ese año es llamado a regresar a Venezuela, donde le esperan nuevos cargos, así como el inicio de sus coqueteos con la política, por la cual se dejó seducir, aunque sin olvidar del todo su vocación literaria.

De vuelta en nuestro país, es designado Presidente de la Corte Suprema de Justicia del estado Aragua, donde permanecerá por muy poco tiempo: renuncia a principios de 1935, pero no pasa a ejercer ningún otro cargo ni durante lo que queda del gobierno de Gómez (que fallece, oficialmente, el 17 de diciembre de 1935) ni hasta unos meses después de que asumiera el general Eleazar López Contreras. Sin embargo, éstos no son meses vacíos en cuanto a la actividad política de Uslar Pietri, al contrario, se comienza a manifestar su interés en participar más activamente, no sólo como un mero funcionario, sino como un hombre que tiene ideas, gracias a que en el nuevo gobierno de López Contreras hubo una mayor apertura política y libertad de expresión, para nuestro autor y para muchos venezolanos que habían permanecido callados por largos años.

Al respecto, un hecho importante lo constituye el comienzo de su actividad como articulista de la prensa, en el editorial del 27 de diciembre del diario El Universal. En dicho editorial Uslar, por primera vez, realiza un análisis directo de la realidad de nuestra nación [1],  haciendo un llamado a la unidad. Igualmente, se vincula a la redacción del diario Ahora, donde también elabora los editoriales, entre ellos el célebre texto titulado Sembrar el petróleo, del 14 de julio de 1936. En los referidos editoriales, Uslar mayormente abordaba los asuntos políticos de la nación.

A la par de esta actividad en la prensa, Uslar se vincula con agrupaciones políticas, específicamente hablamos de la Organización Revolucionaria de Venezuela (ORVE), donde también estaban Rómulo Betancourt (quien luego se desvinculó para fundar el Partido Democrático Nacional, germen de Acción Democrática), Mariano Picón Salas, Alberto Adriani, entre otras figuras destacadas de la intelectualidad venezolana (Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, 1997; tomo 3: 512); gracias a este último, recién nombrado Ministro de Hacienda, Uslar Pietri regresa a ocupar un cargo en la administración pública, como jefe de la sección de Economía del referido Ministerio.

Así, Uslar inicia, a la par de un largo silencio como escritor (entre 1936 y 1945 no publica un solo libro), una larga permanencia en la administración pública, ininterrumpida hasta la caída de Medina Angarita. Después de la ya mencionada sección de Economía, llegará a ocupar diversos cargos, varios de ellos ministeriales, durante los años referidos. Así fue, sucesivamente: director de Información y director de Política Económica, en la Cancillería; Director del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización; Ministro de Educación, todo esto durante el gobierno del General Eleazar López Contreras. Cuando asume Medina Angarita, Uslar Pietri siguió siendo hombre de confianza, de la más alta confianza, ya que es nombrado Secretario de la Presidencia de la República; por unos meses es el Ministro de Hacienda pero después regresa a ocuparse nuevamente de la Secretaría de la Presidencia; cuando ocurre el golpe de estado del 18 de octubre, Uslar Pietri era el Ministro de Relaciones Interiores.

En todos estos cargos, que Uslar desempeñó con su característica eficiencia, participó en importantes decisiones y acciones que contribuyeron a configurar una nueva etapa en la vida republicana de nuestra nación. Por ejemplo, estando en la Cancillería, como Director de Política Económica, promueve la negociación del primer Tratado Comercial con Estados Unidos (Arráiz Lucca, 2005: 42); como Ministro de Educación, reformula el proyecto de la primera Ley de Educación, la cual es aprobada (tomado de http://www.me.gov.ve). Es interesante señalar que Uslar es uno de los primeros en tomar en cuenta las ideas de avanzada que, en su momento, esbozó don Simón Rodríguez; esto se refleja en el espíritu de la Ley antes referida.

Al frente de este despacho, Uslar obtuvo otros importantes logros: la ampliación de la matrícula; la preocupación por el mejoramiento del magisterio, tanto en sus condiciones socio económicas como en su formación; la reforma de la escuela primaria, que se dividió en dos etapas; la enseñanza de la historia de Venezuela como una asignatura independiente de la historia universal (comunicación Nro. 1975, del 15 de septiembre de 1939); la creación de la Biblioteca Venezolana de Cultura. La gestión de Uslar Pietri al frente del Ministerio de Educación posiblemente ha sido una más significativas del siglo XX, aun a pesar de que apenas contaba 33 años cuando entra a ese despacho.

Paralelamente al ejercicio de estos cargos, Uslar Pietri participa activamente en y con agrupaciones políticas en ciernes. Además de su ya mencionada presencia en la fundación de ORVE, Uslar se integra en 1937 a las filas del Partido Agrario Nacional, cercano al gobierno de López Contreras; asimismo, en 1943, se encuentra entre los líderes y fundadores del Partido Democrático Venezolano (PDV), que también era un partido de gobierno. Uslar es el gran ideólogo del partido y del Estado y mantiene una viva polémica con el acérrimo de los opositores de la Presidencia de Medina Angarita: un tal Rómulo Betancourt.

Es interesante señalar que, durante el gobierno del antes mencionado Isaías Medina Angarita, es cuando Uslar Pietri estuvo más cerca de la cima del poder. No sólo porque desde el puesto de Secretario de la Presidencia podía mover muchos hilos, sino porque parecía ser el sucesor natural para ocupar la primera magistratura del país; estamos hablando de una época en la cual el hecho de ser presidente no se sometía a elección, por sufragio directo y universal, sino que era designado por quien ocupara el cargo, es decir, el presidente de la República elegía a su sucesor. Así, como decíamos, parecía que Uslar era el hombre, pero tenía un hándicap: no era militar y no era andino, rasgos que fueron una constante de los presidentes de Venezuela desde Cipriano Castro hasta el que era para ese entonces, Isaías Medina Angarita.

En una entrevista, el mismo Uslar habla de ese momento:

Era muy difícil que me escogiera a mí: yo no soy tachirense, y la tradición de militares tachirenses se imponía, hubiera sido un atrevimiento, una osadía contra los instrumentos del poder. Un día [Medina Angarita] me dijo: “Vamos a hablar Arturo, vamos a hablar de la sucesión de la Presidencia. Tú deberías ser el Presidente de Venezuela, tienes todas las condiciones para serlo, pero desgraciadamente en las circunstancias actuales yo soy el heredero de Cipriano Castro, a pesar de que mi padre murió peleando contra él, y no sería posible que yo rompiera esa tradición. Vamos a ver en quién pensamos” (Arráiz Lucca, 2007: 20)

No le habrá dejado un muy buen sabor a Uslar el haber tenido que coadyuvar en la elección de alguien para que ocupara el cargo que él hubiera querido para sí. El elegido resultó ser Diógenes Escalante, quien sí había sido militar y era, por demás tachirense; con su nombramiento estuvieron de acuerdo inclusive los factores que más adversaban a Medina, como la Acción Democrática de Betancourt [2].

El eventual sucesor:

Inicia su campaña electoral en agosto de 1945, pero a las pocas semanas, empieza a manifestar señales inequívocas de enajenación mental. Obligado a renunciar a su candidatura… vive hasta su muerte, recluido en un hospital psiquiátrico de Miami, retirado de toda actividad (Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, 1997; tomo II, pág. 232).

El estado mental del eventual sucesor a la presidencia desatará la grave crisis política que desemboca en el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945, historia que ya todos conocemos, incluso hasta en sus más mínimas consecuencias. En este estado de cosas, Uslar termina yendo al exilio, a Nueva York.

Interrumpe así su permanencia en la administración pública pero retoma la interrumpida actividad literaria. Como él mismo lo confiesa, si no hubieran derrocado a Medina el 18 de octubre, él no hubiera sido un escritor sino un político, un Betancourt más; ese golpe lo devolvió a las letras de golpe, como él mismo dijo:

Si no hubiera habido el 18 de octubre lo más seguro es que yo no hubiera hecho mi obra de escritor, o la mayor parte de ella, que es por lo que la gente más o menos me considera y respeta. Hubiera sido un político profesional, me hubiera tragado la política, hubiera figurado en el dudoso catálogo de los presidentes venezolanos… el 18 de octubre hizo que me reorientara y me devolviera a lo que fundamentalmente soy. Soy un hombre de pensamiento (citado por Arráiz Lucca, 2005: 61)

Uslar regresa a Venezuela, en 1950, tras un exilio de 5 años. Pero no regresa para integrarse a la política de inmediato, al menos ésas no eran sus intenciones. Además de comenzar con su programa de televisión, alternó sus labores al frente de la agencia de publicidad ARS y del Papel Literario de El nacional. No debería resultar extraño este alejamiento de la política y de la administración pública en tales circunstancias: haber vivido un golpe de Estado, haber sufrido la cárcel (aunque sólo por un mes), luego el exilio, no muy buenas condiciones económicas (sus bienes fueron confiscados), ser sometido a la vergüenza pública (se le acusaba de corrupción).

Pero, aún así, a mí no deja de sorprenderme, no sólo el hecho de que Uslar ha regresado al país después de un golpe de Estado a un gobierno legítimamente constituido (el gobierno de Gallegos, quien se impuso en las elecciones de 1948 y luego fue derrocado), sino su silencio ante dicho golpe y ante los diversos hechos acaecidos entre el momento de su regreso y la caída de Pérez Jiménez en 1958: el asesinato de Delgado Chalbaud (en 1950), a la sazón presidente de la Junta de Gobierno; el desconocimiento, por parte de Marcos Pérez Jiménez, de los resultados de las elecciones de 1952, donde había resultado electo Jóvito Villalba. Uslar, que estuvo aquí en todos esos momentos, tal y como ocurrió en el ‘28, calló o se hizo a un lado (y si algo dijo, no fue públicamente, no lo he leído o no ha llegado hasta nosotros). No es mi interés juzgar, menos aún sin estar en sus zapatos; sólo doy constancia de mi perplejidad.

Durante las dos peores dictaduras que padeció Venezuela en el siglo XX, Uslar pareció dormir el sueño de los justos, políticamente hablando, sin mayores preocupaciones. Primero, como funcionario de gobierno con Gómez; luego, durante el gobierno de Pérez Jiménez, Uslar aparecía en televisión (en 1953 comienza la producción de su célebre programa para la pantalla chica) y en otros espacios de la vida nacional, sobre todo de la cultura y la academia: en 1951 fue electo como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española; en 1954 le confieren el Premio Nacional de Literatura, junto con Picón Salas; en 1955 ingresa a la Academia de las Ciencias Políticas y Sociales.

Sólo en 1952, cuando es eliminada la autonomía universitaria, Uslar suscribe, junto a otros profesores, una carta de protesta, y al año siguiente renuncia a su cátedra (Miliani, en Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina, 1995). A principios de 1958, faltando pocos días para la caída del régimen, parece despertar del letargo; sale del silencio y suscribe, junto con otros, el Manifiesto de los intelectuales (14 de enero). Va nuevamente a la cárcel, pero esta vez es menos de una semana. De allí sale el 23 de enero, para sumarse a los que redactaban el acta constitutiva del nuevo gobierno en el Palacio de Miraflores. Es él quien le habla, por radio, a la nación en aquel momento. Es a él a quien consultan acerca de la conformación de la junta de gobierno, de la cual no quiso formar parte.

Ese mismo año marca también el regreso a la vida política y en el debate público, desde su columna Pizarrón que había retomado. Así, Uslar suscribe su nombre a la plancha del partido URD, para ser senador por el Distrito Federal. A la postre, es electo, en diciembre de 1958; y permanecerá como senador hasta 1973, cuando decide no presentarse nuevamente a elección. A lo largo de su vida parlamentaria, participa en la Comisión Especial para la redacción de la Nueva Constitución de 1961; asimismo, apoya la creación del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA, luego CONAC) y del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE).

El momento culminante de su vida en la política nacional lo marca la participación en las elecciones de 1963. Es interesante señalar que su plataforma para ser candidato no son las letras sino la televisión, ya que como él mismo señaló en algún momento, de cada diez venezolanos, nueve le conocían por su programa. Sin embargo, en vista de que la oposición no logró un consenso, Uslar se presenta a las elecciones apoyado por partidos minoritarios (como el Frente Nacional Democrático, que él mismo fundara junto con Ramón Escovar Salom) y obtuvo un 16%. El vencedor en los comicios es Raúl Leoni (con apenas un 32%) [3]. El sueño de Uslar Pietri de ser presidente nuevamente se había esfumado.

Como no quería ir para atrás ni permanecer en segundo plano- ya había sido ministro y casi presidente-, qué otra cosa podía aspirar. Se quedó viendo el poder desde lejos y suspirando como por un amor imposible. Renuncia al partido que nació para avalar su candidatura. Se limita a apoyar, tibiamente, la candidatura de Miguel Ángel Burelli Rivas, en 1967. Y en 1975 acepta la propuesta de Carlos Andrés Pérez de ser embajador ante la UNESCO, a la que renuncia en 1978, cuando era Vicepresidente del Consejo Directivo de este organismo internacional. Después de eso comienza a alejarse progresivamente de la política, o más bien, de los partidos y de los cargos públicos.

En relación con su credo político, Uslar nunca fue de izquierda, ni siquiera de cerca. Pero tampoco parecía ser claramente de derecha; menos aún con la derecha venezolana, con la católica derecha venezolana (claro que Uslar no era exactamente un ateo). En algunos de sus discursos dejó entender que debía haber liberalismo pero también debe existir la intervención del Estado, de un Estado fuerte, sobre todo en un país como Venezuela (Smith con Keynes). En Golpe y Estado en Venezuela, su postrer libro, recoge sus ideas sobre el tema [4].

Los ochenta ven reaparecer a Uslar Pietri en la política pero desde un nuevo rol: desde la oposición, haciendo duras críticas al sistema, tanto en la prensa como en la televisión. Ya para ese momento había abandonado, definitivamente, todo intento de ocupar algún cargo, incluyendo la presidencia.  Sin embargo, esto no le impide aceptar tampoco la propuesta de estar al frente de la Comisión Presidencial para el Estudio del Proyecto Educativo Nacional, invitación que le extendiera el para entonces presidente Jaime Lusinchi.

El epílogo de la participación de Uslar Pietri en la vida política nacional parece un final de Shakespeare, con la conformación de un grupo que se dio en llamar Los notables, quienes comienzan por enviar una carta a la Presidencia que ejercía Carlos Andrés Pérez; en esa misiva, entre otras cosas, aseguraban que se hacía necesario el cambio del sistema político venezolano, sustentado en el Pacto de Punto Fijo. Luego, en otra carta, se insta a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia a renunciar. Éstos renuncian. Por fin, solicitan la destitución del Presidente, Carlos Andrés Pérez. Y, en efecto, la Corte Suprema de Justicia ordena a aquél que se separe del cargo.

Casi a la inversa de lo que hacen muchos dirigentes de hoy día (que comienzan lanzando piedras a la policía y terminan siendo los que ordenan a la policía arremeter contra los estudiantes), el de Uslar fue un largo y extraño periplo, que lo llevó a ser de un funcionario acólito a una suerte de conspirador, en el buen sentido, como ya dijimos; pasó de ser un ocupante de cargos públicos y aspirante a la presidencia, a un crítico feroz del sistema. Así como muchas veces pasamos, casi sin transición, a odiar a la persona que amábamos, cuando ésta nos ha abandonado.

Rafael Victorino Muñoz

REFERENCIAS

Arráiz Lucca, R. (2007).  Ajuste de cuentas [Conversaciones con Arturo Uslar Pietri]. Caracas: El Nacional.

Arráiz Lucca, R. (2005).  Arturo Uslar Pietri o la hipérbole del equilibrio. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana.

Diccionario de historia de Venezuela (1997). Caracas: Fundación Polar. 2da edición. Varios tomos.

Diccionario enciclopédico de las letras de América Latina (1995). Caracas: Biblioteca Ayacucho/CONAC/Monte Ávila. Tomo III.

Eskenazi, M. (1988). Arturo Uslar Pietri: muchos hombres en un solo nombre. Caracas: Caralex.

Spinato, P. (2001). La trilogía inconclusa de Arturo Uslar Pietri en Separata Cultura Latinoamericana. núm. 1-2 (1999-2000), pp. 351-366. Documento en línea. Disponible en: <http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/ 01311616424026050088802.index.htm>. Fecha de consulta: 21-12-2007.

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[1] Precisamente, el editorial de ese día se titula Conocimiento de nuestra realidad.

[2] Entre muchas hipótesis, se maneja la versión de que Escalante habría pactado con Acción Democrática, quien le apoyaría, sacando del juego al expresidente López Contreras y sus correligionarios; Escalante se habría comprometido a gobernar por 2 años y reformar la Constitución, estableciendo el sufragio universal, directo y secreto, que era la aspiración de muchos, inclusive los que estaban con Medina.

[3] Tomado de www.cne.gob.ve

[4] Extrañamente, Uslar parece que prefería hablar de política implícita e indirectamente, sin embargo, en Oraciones para despertar, que recoge algunos de sus discursos, así como Hacia el humanismo democrático así como la mencionada Golpe y Estado en Venezuela, sí expone muchas de sus ideas al respecto.